Ana va al cine con su poni.
En la taquilla, Ana dice:
—Querríamos dos entradas para la sala 3.
—Pero no demasiado cerca de la pantalla, por favor —añade el poni.
La taquillera exclama, horrorizada:
—¿¡Su poni habla!?
A lo que Ana responde con tranquilidad:
—No se preocupe, estará en silencio durante la película.